PESADILLA
¿Qué hacer?
No sabía si antes de ir, se iba a pegar un tiro él, porque no creía
posible, poder pegárselo a nadie.
No
podía llorar y menos, delante de sus padres. Era hijo único y “a lo peor”, no
volvía.
No
podía desertar, lo tacharían de cobarde.
Se preguntaba: ¿Qué?
¿Qué…, qué puedo
hacer?
Jimmy
seguía igual de consternado, que cuando había recibido la carta de
reclutamiento. Antes de abrirla ya sabía lo que le pedían: Todos los reclutas
tenían que formar en siete días. Sus últimos días los tenía que aprovechar al
máximo… Pensó en casarse. Sí, su novia se quedaría en su lugar, en su casa, con
sus padres. Se les iba un hijo, pero tendrían una hija y… ¿quién sabe? A lo
mejor en esos días escribían a la cigüeña y ésta atendía su llamada.
La
historia de amor con Flor, había empezado en el colegio. Tenían la misma edad,
iban a la misma clase. A Jimmy, desde que la conoció, le entusiasmaron sus
trenzas, que eran tan gruesas como la soga que él utilizaba para sacar agua del
pozo, pero parecían más suaves. No tardó mucho en acariciarlas, porque, cuando le
dijo a Flor lo bonitas que eran sus trenzas, ella, Flor, después de soltar una
sonora carcajada, le dijo “ale, tócalas, no pican, pero no las estires”, y así
empezó su historia…, acarició sus rubias trenzas, y mientras lo hacía, se fijó
en los hoyuelos que se le hacían a Flor, en las mejillas cuando sonreía. Pasó a
sus ojos, que eran azules como los lirios que cultivaba su madre, y se dijo
para sí: “Jimmy, ¡te estás enamorando…!”
Los
dos días siguientes a la misiva del ejército, Jimmy los pasó en los
preparativos de la boda, al tercer día se casaron, celebrando la boda en la
misma granja. Los dulces los prepararon Flor y su madre. El cordero lechal,
corrió a cargo de los padres de Jimmy, que tenían un hermoso horno de leña en
dónde se cocían unas buenas hogazas.
Las
palabras de amor, las caricias…, condensaron la atmósfera esa noche, en el
altillo en donde habían improvisado su nido de amor y, llegaron al cielo los
susurros que salían del corazón de los dos enamorados.
En
el cuarto día recorrieron con el “todo terreno”, unos viñedos en un pueblo
cercano, y Jimmy dejó apalabradas unas cepas, para al regreso, recogerlas.
Recorrieron
en dos días con su rojo “Jeep Wrangler”, bellos lugares, llenos de color y
aromas, aunque a Jimmy no se le pudo olvidar la guerra…
“Si a nuestro campo no ha llegado, ¿por
qué tengo que ir a buscarla yo?”
Jimmy,
ayudado por el dueño de los viñedos, Fran, iba colocando las cepas en el “todo
terreno”. Flor no perdía el tiempo y cortando alguna rosa, paseaba junto a la
esposa de Fran, Emily, por todo aquél fértil terreno lleno de vida.
Él
estaba contento, antes de irse le dejaría a su padre, las cepas trasplantadas,
porque como buen campesino conocía que debía hacerlo en el tiempo en que no
había savia en los troncos, y, aunque era un marzo soleado, era un buen
momento. Con Flor no quería hablar de su
cercana marcha, pero fue ella, en el trayecto de vuelta, la que sacó la
conversación…
Decidieron
que el último día irían los tres a despedirlo al lugar del reclutamiento, sus
padres y ella. Flor ayudaría a la madre y no se olvidaría cada día de mandarle
una carta al frente. Todo era nuevo para ellos, el matrimonio, la guerra, la
separación forzosa… Se miraban y no podían creer que faltara tan poco tiempo,
para la marcha.
A
la infrascrita, se le presenta un dilema: ¿Morirá Jimmy en la guerra o bien,
quedará cojo, manco, impotente o ciego, por una granada del enemigo?
La infrascrita tiene el bolígrafo en su mano y se ha levantado de buen
humor. Confiesa, humildemente, que aunque se hubiera levantado con mal humor,
no estaría en su mente hacer desaparecer a un buen muchachote, que se acaba de
casar con su novia, de toda la vida, y a la que para más “INRI”, termina de
dejar embarazada…
A ese hijo por nacer, le hará falta su
padre…
A esa esposa, recién estrenada como tal,
le seguirá haciendo falta su marido.
¿Por
qué matarlo o dejarlo mutilado?
¿Hay
algo mejor que una familia bien avenida, esperando un retoño?
Decido que no, no lo hay. Decido que el
protagonista, que ha pasado a llamarse
“James”, porque, en menos de una semana se ha hecho mayor, tiene derecho a sus
coles, sus trigos su ganado y sobre todo
a su esposa y a ese niño o niña, que vendrá… Quito lo de la guerra
inmediatamente, y lo dejo en que eso sea una pesadilla del anterior Jimmy,
quedando transcrito, para escarmiento de este mundo inmaduro, en el que sus
gobernantes, a pesar de haber ganado unas elecciones, y algunos tener varios títulos universitarios,
han cambiado los soldaditos de plomo por
los de carne y hueso y no piensan en las cepas de Jimmy, ni en su mujer, ni en
su bebé… Solo piensan en ellos.
¡Pues no!
Alicante 13/12/2014
Fotografía tomada de Internet
María Jesús Ortega Torres





