miércoles, 21 de agosto de 2013

LA POLÍTICA (Desde dentro)








  LA POLÍTICA
(“Desde dentro”)

Hojas de ensayo

        La política es un acto de amor…
Pienso que es, o debería ser un acto de amor, porque el político, ofrece o debería ofrecer al pueblo que le ha elegido votándole, lo mejor que tiene, ésto es: su trabajo, pensamientos, voluntad y buen hacer, a favor de quienes le hemos depositado una confianza esperanzadora.
        Por eso, siempre que se haga desde el corazón, la política, es un evento de amor. Creo que  es un acto muy difícil, porque al corazón, ese músculo físico y de sentimientos, lo rodean otras vísceras, otros músculos, y también el cerebro…, esa parte superior del encéfalo, que, como centro nervioso y también, creo, centro espiritual y morada de sensaciones y recuerdos, nos manda, conduce y lleva, pero…, subordinando, a veces lo que debemos hacer, a nuestros sentimientos e intereses particulares, tomando como sinónimo de estos intereses particulares, una  sola palabra:  ambición.
        Lamentablemente, la ambición siempre va unida al poder y el poder, va unido, también, a la ambición, cuyo orden, como en la propiedad conmutativa de la multiplicación, no altera el producto…, solo el producto se alterará, por los montos de ambición y poder, que , con el tiempo, podamos identificar en quienes hayamos elegido, o hayan elegido otros conciudadanos.
        La ambición, es un “pecado capital” necesario, sin cuya motivación, el mundo se pararía, no avanzaría. Esta reflexión no es mía. Cito a Fernando Díaz Plaja, como autor de la misma, cuando en su ensayo, sobre los siete pecados capitales, nos dice, que todos son necesarios, pero…, nos hace observar, que para todos estos pecados,  hay un grado, una medida que haga asequible la vida de quien los sufre, y la de quienes les rodean, o rodeamos…
          Estaba yo, recién salida de la adolescencia, cuando, investigando en la biblioteca de uno de mis queridos y admirados profesores, Alberto Escámez López (profesor de música…, no el economista), encontré el ensayo: “Los siete pecados capitales”, que había escrito Fernando Díaz Plaja y, como me interesó mucho el tema, lo leí, con verdadera avidez y gusto, pareciéndome el autor, un señor muy sabio y con mucho sentido común…
        Ante la corrupción, a la que no nos acostumbra la ambición de los otros, pienso y digo en mis modestas tertulias familiares y también con algún conocido, que estamos, de nuevo, en la era faraónica de los egipcios de a. de Cristo. Yo defino a esta  ambición actual, con el apelativo de el “síndrome del faraón”, porque quienes tratan y consiguen acumular tanta riqueza, hacen como los faraones, se lo llevan todo, para no pasar ningún apuro cuando vuelvan a reencarnarse, y no acostumbrados a las privaciones materiales, poder vivir con toda su pompa, como hacían los faraones, que se mofaban y abusaban, consciente o inconscientemente de la ignorancia y tolerancia de quienes les rodeaban, y a quienes, si no eran de una belleza física extraordinaria o de una inteligencia que no les molestara, trataban con desprecio y como esclavos.
        Siempre me gustaron los filósofos. En primer lugar porque pensaban y después, porque querían poner en práctica sus conclusiones, que consideraban necesarias para la mejora de la  sociedad. A nadie se le ocurría, semejantes “desmanes”, como por ejemplo que fuésemos autónomos en nuestros pensamientos y sin negar la lógica en los mismos, nos alejáramos, como personas de la conducta de los animales que, domesticados, forman rebaños.  La mayoría de los filósofos, fueron geniales y muy dignos de atención, aunque hubo quien a alguno, tacharan de loco y fuera de la ley…
        La historia, y el tiempo, que ponen las cosas en su sitio, nos ayudan a analizar las circunstancias de gobiernos totalitarios y los ajustes represivos que ejercían contra quienes se atrevían a pensar y manifestarse de modo distinto, y, que sin aplicar la ley y menos la justicia que por todos los medios,  solo practicaban a su modo, estaban muy lejos de una verdadera democracia.
        Como la historia se repite..., y se repite, pues al parecer, no hemos evolucionado como nos merecemos, en nuestro papel de personas, y además vivimos en un tiempo en que la ley no es aplicada con la premura que quisiéramos..., volviendo al pasado, el ejemplo de Sócrates ( 469 a. C.-- 399 a. C.), que en su lecho de muerte, solo pensaba en devolverle a  Esculapio el gallo que le debía… (posiblemente como ofrenda), su honradez y su firme sentido del deber, que le llevó a ser condenado a muerte por enseñar a los jóvenes, a pensar y no ser manipulados, nos alientan a participar con nuestros medios, escasos pero entusiastas, en la tarea de que seamos cada vez mejores, y que empezando por nosotros mismos, nuestro ejemplo sea transmitido y desarrollado.

Santurde de Rioja 7 /08/2013
Mª Jesús Ortega Torres
       

miércoles, 14 de agosto de 2013

DESEO Y FELICIDAD






 DESEO Y FELICIDAD

(Hojas de ensayo)

“Todo deseo estancado es un veneno”.
André Maurois

        DESEO: Palabra dinámica, que, para el bien de quien lo posea, tiene que evolucionar hasta su consecución… Sugiere movimiento, y, a veces, hay sensación de proximidad si vemos lo deseado fácil de conseguir, o sensación de alejamiento, si por el contrario, vemos no factible nuestro deseo.
        El diccionario de María Moliner, lo define como “acción de desear” y a desear lo define como: “tender con el pensamiento al logro de la posesión o realización de algo que proporcionaría alegría o pondría fin a un padecimiento o malestar”.
        Como sinónimos, la palabra deseo tiene: aspiración, ansia, afán, anhelo, pretensión, empeño…; como antónimos: inapetencia, displicencia.
        El logro de nuestros deseos es un fin, pero si los conseguimos, a un deseo le sucede otro y a éste otro,  - los seres humanos, somos insaciables-,  por lo que no hay un fin final…
         Hay en cada persona deseos que requieren una ejecución inmediata, y también hay deseos más a largo plazo. Cuando el deseo no se cumple nunca, deja en quien lo ha sentido, una frustración que será mayor o menor, según haya sido la intensidad o importancia del deseo.
        Asociado a nuestros sentimientos íntimos, el deseo nos hace evolucionar en nuestra vida afectiva, ya que nos mueve a cambiar un estatus por otro. Nos incita a poseer el objeto del deseo, a conquistarlo, a promover que nosotros seamos también objeto de deseo para el otro, y se hagan realidad dos deseos: el suyo y el nuestro, siendo nuestro logro, el alcanzarlo y también, una consecuente correspondencia.
        ¿Hallamos la felicidad, cuando hemos alcanzado y realizado nuestros deseos más preciados?
        La felicidad creo que podría consistir, en llenar todos los estadios o compartimentos de nuestro espíritu, pero sería una tarea casi imposible llenarlos todos, para que se originara una total felicidad…, siempre habría alguno que se nos escapara o que no dependiera directamente de nosotros, y que, por lo tanto,  no sería factible llenar, por lo que siempre notamos un vacio, la sensación de plenitud y bienestar total, nos llega pocas veces.
        La teoría hedonista de buscar la felicidad en el placer, me parece respetable, pero no la comparto, porque parece estar hecha solo para quienes tienen sensibilidad física, no espiritual y parecen no distinguir y no apreciar todo lo que nos rodea. Solo se ven y contemplan a sí mismos, ignorando lo que sucede a su alrededor. Es más fácil ser feliz, pero no es una felicidad real, es una felicidad auto-contemplativa, que tiene al individuo como su centro, descartando  todo lo que no sea él mismo. Solo ve en todo lo demás, el complemento para la consecución de su satisfacción y placer, individual y personal.
        La conducta de los ascetas, tanto los cristianos, como los orientales (no teístas), como el budismo, el jainismo, el taoísmo y el confucionismo, tiende a ignorar, lo que también forma parte del ser, para la consecución de su realización como personas tendentes a una felicidad lo más completa posible, que se podría encontrar cuando  el vínculo de nuestro cuerpo y mente, materia y espíritu, logren y vivan en una armonía (casi) perfecta, que les permita una paz interior, capaz de ser transmitida y compartida en su hábitat.
        El lograr la felicidad, es muy complejo, ya que estamos condicionados, de un modo natural, a no olvidar quiénes somos y en donde estamos…, siendo nuestro entorno además de condicionante, muy influyente y aunque queramos “pasar…” nuestra sensibilidad, no nos permite cerrar los ojos o mirar para otro lado, cuando a alguien, en nuestra cercanía, conocido o no, las cosas no le van bien, o nos paramos a analizar el desorden e injusticias en nuestro minúsculo, pero conflictivo, planeta.
        Cito de nuevo a André Maurois, ahora como colofón, quizás en algo que puede hacer referencia tanto al deseo como a la felicidad, ya que puede traer dificultades a las dos:
“Nuestros destinos y nuestras voluntades se manifiestan casi siempre a destiempo”.

Alicante 13/07/2013
Mª Jesús Ortega Torres



       
        

miércoles, 7 de agosto de 2013

ALGO SOBRE LA AMISTAD





   ALGO SOBRE LA AMISTAD

(Hojas de ensayo)

“Amistades que son ciertas
nadie las puede turbar”.
MIGUEL DE CERVANTES

         No quisiera que ésto, fuese una apología de la amistad. La amistad se defiende sola, todos queremos la amistad, que si es auténtica, nos trae muchas satisfacciones y alegrías, pero hoy en día, es muy difícil tener amigos, si por amigo queremos a una persona sincera, que, incondicionalmente, esté a nuestro lado en momentos felices y en las adversidades, porque, en los periodos felices es fácil, seguir a alguien, pero en las adversidades que nos depara la vida, con más frecuencia de lo que desearíamos, quienes de verdad son nuestros amigos, se quedan. Quienes lo dicen, pero no lo son, ponen pies en polvorosa…, deben pensar: “ahí te las apañes…”
         No es una cuestión de prudencia, tampoco lo es de ignorancia; cuando algo malo sucede a una persona o a una familia, la noticia vuela más rápida que el pensamiento, y, entonces se encuentran amigos que no sabías que los tenías y desaparecen, en cambio, otros, que pensabas que lo eran, pero que te demuestran lo contrario.
         La amistad, es muchas veces fértil, y te trae otros amigos. Hubo quien se aventuró y comentó: “los amigos de mis amigos, son mis amigos”, que me parece una afirmación atrevida donde las haya, pero que sin embargo, por otro lado, denota tal confianza en el otro que se tiene por amigo, se está tan seguro de él, que, sin dudarlo, acoge todo lo que le pertenece, porque conociéndole bien, sabe que todo lo suyo es bueno.
         Una sentencia de don Miguel de Unamuno, que nos dice: “hay mucha gente y pocas personas”, nos viene a poner en guardia de quienes no tienen un mínimo de formalidad y que, por lo tanto, no son merecedores de nuestra amistad. Las “pocas personas”, con su integridad, serán las que deberemos  tomar como amigos y sin temor a equivocarnos, congratularnos de que la vida nos sea más llevadera con ellos. A veces, nos viene la amistad por azar, y según piensa Anatole France: “el azar es el seudónimo que utiliza Dios, cuando no quiere firmar”. Yo, de verdad, pienso que un buen amigo es un regalo de Dios, que no debemos dejar que pase de largo…, con frecuencia es un buen amigo, quien se da cuenta de unas cualidades, en arte, literatura, música…, que por naturales, se veían como algo muy normal, pero vistas y analizadas por una amistad, que ha valorado, objetivamente, la valía de su nuevo amigo, le puede llevar a aconsejar que desarrolle, mejor, su pasatiempo, que se convertirá, por su opinión acreditada, en algo más serio a mejorar.
                        ¿Es posible la amistad entre sexos distintos…?
         Cuando confiamos en alguien para contarle nuestras intimidades, generalmente lo hacemos porque hay una química invisible, pero que existe. Nos acerca, nos hace compenetrarnos y entregar nuestros sentimientos y pensamientos, a una persona ajena, que puede ser o no, de la familia, y nos apoyamos en ella, esperando consejo (asentimiento o reprobación de nuestros actos). También queremos que nos transmita algo de valor o ánimo, si nuestra propuesta es algo arriesgada…, que nos ayude a valorar, los pros y los contras de nuestra futura hazaña, o de lo ya hecho, después de habernos escuchado con atención...
         Esta relación que establecemos: comunicación íntima…, a veces, crea en uno de los dos, unas expectativas distintas a la de una buena amistad, y se vuelve ilusionante por parte de uno de los dos, con una atracción que no se puede reprimir por mucho tiempo y que siendo manifestada, puede producir en el otro, o aceptación o rechazo…
         Cuando de la amistad, se pasa al amor correspondido, todo va bien y hay en ello, la máxima gratificación en una relación, pero, si ocurre que solo es una parte la enamorada y sufre el rechazo del otro que, solo siente amistad, la mayoría de las veces, la relación se deteriora y termina, a veces muy mal, pues con frecuencia, por despecho y en venganza, salen a flote intimidades de quien ha rechazado subir el peldaño del amor, por no sentir igual que el otro, y lo que era una bonita amistad, puede tener un folletinesco desenlace o convertirse en una tragedia.
         A veces, el amor está aletargado, y cuando se despierta y sale, es como una explosión que no se puede detener, y menos disimular. Un adagio popular dice que la riqueza, la sabiduría y el amor, por más que nos empeñemos, no pueden estar ocultos.
         Se me ocurre, poniendo de mi lado el saber popular,  que si con algo de sabiduría manifestamos nuestro amor, y éste  es aceptado, tendremos la mejor riqueza.
 Alicante 19/06/2013
             18/07/2013
           Mª Jesús Ortega Torres

        

jueves, 1 de agosto de 2013

TIEMPO REAL, TIEMPO IRREAL









TIEMPO REAL, TIEMPO IRREAL

(Hojas de Ensayo)

Cuando observamos, personas, animales irracionales, cosas, o, situaciones, en exceso, las deformamos. Si miramos muy fijamente y por más tiempo de lo habitual, todo lo anteriormente dicho, lo podemos ver, más largo, más corto, más ancho, más estrecho, mejor o peor…, cambiando su forma como si hubiéramos cambiado el objeto. Éste, la persona o el animal, se transforman en otros diferentes. Sucede con situaciones especiales, igualmente.
 Estas apreciaciones, las he notado en mi propia piel, bien comprobando como los demás me transformaban, en otra persona, o bien determinando, como era yo misma, quien transformaba a los demás en otros y a las cosas, cuando era el caso, también, por un excesivo tiempo de observación.
A estas conclusiones, se llega por un estudio muy sutil, y, preferentemente, se estudia mejor cuando la observación está concienciada por quien la ejecuta y no de modo inconsciente, ya que pasaría la mayoría de las veces desapercibida, aunque a veces, es la casualidad, con una reflexión posterior, quien nos pone al corriente de la realidad nuestra y de la de los otros y de su duración y paso a lo irreal, por un exceso de tiempo dedicado.
Creo que quien nota que se le está deformando, ha de ser persona perspicaz. No estoy hablando de “arte adivinatorio”, creo que no existe; pienso en una intuición, levemente superior, que viene dada por la observación de un distinto comportamiento en el otro y que llama la atención, siendo para su perspicacia, claro y  evidente.
Los cambios de conducta en el otro, con respecto, a otras, actitudes anteriores, con nosotros, es la clave para darnos cuenta que se nos está valorando de distinto modo que hasta entonces, pudiéndose dar el caso que es una nueva estimación  que nos evalúa mejor y  engrandeciéndonos, ante nuestro observador, nos sitúa en una posición óptima.
Por el contrario, sucede, a veces, que la nueva valoración, sin que hayamos cambiado de conducta, nos denigra, nos injuria y sin explicarte por qué, nos deja una sensación de desamparo. No sabemos cómo se ha producido esa nueva valoración, pero  queda latiendo en nuestro sentimiento y pensamiento, inquietándonos y trastornándonos…, ya que lo malo, nunca es bienvenido, siendo los juicios de los demás, muy determinantes, tanto en sus respuestas,  aduladoras como en las inquisidoras, si es que consciente o inconscientemente, nos dejamos influenciar o guiar por ellas.
Es muy difícil ser objetivo. Para serlo, tenemos que retirar mucho de nosotros, a veces todo, y dar paso a la realidad del otro, de las cosas o situaciones a juzgar. Se requiere un entrenamiento que nos enseñe a despojarnos de todo lo que pueda contaminar nuestra opinión. La opinión o juicios de los demás, su influencia, suele ser muy condicionante y contaminante…, por lo que nos aleja de la realidad y, por tanto, de la verdad.
En la valoración negativa que se da a personas, entra en acción un factor  llamado morbo.
En su definición el diccionario nos dice que morbo es: “interés o atracción malsanos por lo desagradable, lo prohibido o lo inmoral”, y es cierto, que solemos escuchar, con mayor interés, lo desagradable de alguien de quien se está hablando, que lo que lo valora positivamente…, es como si nos gustara más escuchar lo malo que lo bueno.
 Estas valoraciones negativas, unen a las personas que las comentan, es lo que yo llamo “el amiguismo”, porque parece que las hace más amigas en una complicidad a unos comentarios que, en presencia del aludido, no se harían…, y que colman el tiempo real de observación y estando en un tiempo irreal, son de veracidad dudosa.
El tiempo está en nosotros. Nosotros en el tiempo…, y la unión es tan intima que no se concibe el uno sin el otro y viceversa.
De cómo gestionemos nuestro tiempo, somos personalmente responsables, y ya desde los primeros años de nuestra educación, nuestros padres deberían observar nuestras aptitudes para potenciarlas, y no permitir que el aburrimiento entrara nunca en nuestras vidas, haciéndonos vulnerables a opiniones ajenas y propias, con detrimento de la verdad. El tiempo sería entonces provechoso, productivo y real, no irreal y destructivo.
Alicante 6/07/2013
Mª Jesús Ortega Torres



domingo, 28 de julio de 2013

AIRE DE PUEBLO











Aire de pueblo, limpio y puro.
Mañana fresca del buen verano.
Mucho silencio, todos durmiendo,
despierta el campo de su letargo.
Cantan los gallos…, me despertaron.

Con su alboroto, se marchó el alba,
pues la asustaron.
Las aves rondan el campanario.
Calles vacías. Canta la fuente
el dulce canto que ha renovado.

Aire de pueblo, limpio y puro.
Siento nostalgia si no te encuentro.
Sus buenas gentes, un gozar sabio,
son letanías…, tiempos de antaño.

Santurde de Rioja 26/07/2013
Mª Jesús Ortega Torres




jueves, 25 de julio de 2013

NASSINE








Nassine
         Miro el cielo, amanece, y su base la forman algunas nubes que, colocadas en forma de largas líneas horizontales y paralelas, parecen estar esperando las sílabas para unas frases, que no se debieran salir de la raya. También me recuerdan los raíles de una estación, cuyos trenes por llegar, nos conducirían a ciertos o inciertos destinos (hasta el final nadie es dichoso).
         Vuelvo a mi infancia. Los “palotes”… Los palotes y las letras tenían un límite, y las líneas paralelas no los dejaban salir, de su pequeño ámbito (era antiestético).
         Recuerdo una infancia con botas de agua, chapoteando en los barrosos charcos, con la lucha de cromos de colores y tabas, en los portales. Con la Hermana Julia cantando “ojos verdes son traidores, azules son mentireiros”. Mirar este cielo, es ahora volver a aquellos palotes. Las paralelas están  ahí, recordándome, que también fui niña, que, acaso lo siga siendo ahora, porque nunca se madura lo suficiente. Las vías también están, recordándome que he de esperar, y, paradójicamente, que he de seguir avanzando.
         Entre amor y desamor, pasa la vida. Nuestras frases, pensamientos, sentimientos…, no se pueden ni deben salir de la raya. Miro al cielo. Una vez más, me veo en la tierra, queriendo adivinar, queriendo vivir tantas cosas que me faltan, que le pido que se me dé el tiempo. Sobre mi cabeza las paralelas, han mutado,  y son ahora un enorme y contradictorio oso, en posición fetal.
         Las gaviotas abandonan el nido en esta “nubosa” mañana de invierno. Sobrevuelan mi tejado y hasta la próxima noche no dormirán. Solo se permitirán un leve descanso, sobre las ondas de su mar azul, su morada…, nuestro Mediterráneo.
         Salgo a tomar el sol de mediodía, me siento en un banco, frente al mar. Pronto, muy pronto, se apunta, al mismo banco, una paisana que pasea un cochecito de bebé. Miro su carita …, dulce embeleso, con diez meses, y una tez, café con leche, más tirando a café.
Se llama  Nassine, y me sonríe. Su madre es blanca, el padre un inmigrante de color.
         Sin saber cómo ni por qué, Sandra, que así se llama la madre de la bebé, me empieza a contar su historia…
                --Mis padres pusieron el grito en el cielo, cuando empecé a salir con Nick. Me lo presentó una amiga que también salía con un senegalés. Tanto les molestaba que saliese con él, que con la excusa, de que ganaba  muy poco dinero en mi anterior trabajo, me encontraron otro empleo, en la ciudad, porque una conocida nuestra, se jubilaba y dejaba su tiendecita de abalorios, que le iba muy bien… Eso, no era mi máxima aspiración, pero accedí y me fui porque era un modo de emanciparme, y no hay mal que por bien no venga.
         Cuando marché a trabajar, por supuesto, dejé mi dirección a Nick, aunque los dos teníamos comunicación por nuestros sendos teléfonos móviles, con los que ordinariamente nos comunicábamos cuando lo requeríamos uno de los dos. También estaba Internet.
         Cuando llegué a mi destino, estaba esperándome en la estación, el hermano de Nick, Dylan, del que yo tenía el teléfono, pero mi novio le avisó de que llegaba en el tren del mediodía y se desplazó, para arroparme un poco, y de algún modo dirigirme, también, en una ciudad que yo, no conocía demasiado.
         Antes de marchar le dije a mi novio, que aunque nos separara  cierta distancia, no lo olvidaría. Le prometí una comunicación diaria con el teléfono y con Internet. Le dije que no lo traicionaría… Él me dijo que cambiaría de trabajo para estar conmigo.
         Cuando Dylan se presentó, olvidé todas mis promesas… Algo ocurrió en mi corazón, que no había pasado cuando conocí a Nick. Muy pronto advertí que yo tampoco le había sido indiferente a él y me horroricé de mis pensamientos, porque iba a traicionar a mi novio, nada más perderle de vista, y, para más inri, con su hermano, que me robó el corazón y me lo sigue robando… ‘Sus ojos negros, se posaron en mí de un modo tan penetrante, que me obligaron a bajar la mirada, pues quedé muy turbada. No podía prever que él sería el padre de mi hija Nassine, pero así ha sido’ ”.
         El monólogo de Sandra, prosiguió cambiando de tono, cuando me contó, lo difícil que fue para ella decirle a Nick que se había enamorado de su hermano, como nunca le había ocurrido, nada más verle, me contó como sufrió las lágrimas de Nick en su primera visita para verla, y como los dos hermanos se despidieron con un abrazo. Me decía Sandra que esas secuencias de su vida afectiva, las recordaba como si fuesen escenas de una película dramática, pero, que le pasaron a ella cuando cambió afecto por amor.
         “Mis sentimientos por Nick habían cambiado y me había enamorado de Dylan, con el que caminaba en silencio, contemplando los atardeceres de la ciudad y mirando juntos las estrellas.
         A pesar de las distintas culturas, no nos costó congeniar. Me acostumbré a sus guisos, así como él se acostumbró a los míos…
         Dylan es artista. Hace con la madera lo que quiere, pero vende al por mayor sus pequeñas obras de arte, y a pesar de que yo le insto a que las venda a galeristas en pequeñas entregas, él me dice que vendiendo a menor precio, su cultura se extenderá más y no corre peligro de vulgarizarse porque tiene un amplio repertorio en la reproducción de figuras, que le permite no repetirse…”
         Yo, escuchaba su discurso y de vez en cuando miraba  las evoluciones de la pequeña con su sonajero y me encandilaban sus gorjeos que amenizaban la espontánea autobiografía, oral, de su madre, que había visto en mí, a una improvisada confidente de parecidos gustos  mañaneros: el solecito benefactor y una brisa marina estimulante.
         Termina su relato, contándome la llamada y aceptación de sus padres al saberla embarazada, todas sus disculpas por la tremenda imposición a la que la querían obligar y me cuenta el cambio de domicilio y negocio a su pueblo de nacimiento.  Ahora, me decía, tengo más variedad en los abalorios, porque Dylan, me enseña los típicos de su país, que son coloristas y muy atractivos, y hasta me puedo permitir a una ayudante en la tienda. 
         Me comenta que su compañero ha cambiado el tamaño de sus esculturas a más grandes, ha conseguido un marchante, y que de momento, todo les va muy bien.
         Yo, al volver a mirar a la niñita, Nassine, veo en ella el milagro de la vida, que es prodigioso, y también comprendo, que la firmeza y seguridad de
 su madre, en sus sentimientos, son los que han permitido este milagro…, que la vida siga y que dos culturas tan diferentes, se mezclen, a pesar de los impedimentos, por algo tan sublime como el amor.
Alicante 27 de abril de 2011
             23 de junio de 2013
Mª Jesús Ortega Torres





sábado, 13 de julio de 2013

El cuento del caracol









EL CUENTO DEL CARACOL           
            Erase una vez una niña, que encontró entre las hojas de lechuga, que iba a limpiar y a refrescar, un pequeño caracol, con un esbozo de casa, ya que tenía solamente, un pedacito de concha en su  pequeño lomo, no la casa completa. El joven caracol, no tenía su hogar terminado.
            ¡Ay…!, se dijo para sí la niña que se llamaba Juanita, “no ha terminado su casa, lo pondré en la repisa de la ventana, para que se vaya marchando poco a poco, como andan los caracoles…, a pasito lento, o quizás en el portal”, pero recordó que en los alrededores habían gatos y que además pasaban muchos pájaros que se lo podían comer, y por tanto, duraría muy poco.
            Entonces pensó adoptarlo. Le puso unas hojas de lechuga que había lavado, para que le sirviera de casa y comida, y lo dejó arropadito.
Juanita visitó esa tarde el ángulo de la pared, donde había dejado al caracol. Iba a ver si había comido, como se movía y como se acercaba a ella. 
           
            Pasó el tiempo y visita tras visita, Juanita quería mucho a su caracol, pero llegó el día en que fue a visitarlo y no lo encontró entre las hojas de lechuga, que le servían de hogar y de comida. Estaba la lechuga pero no el caracol. Juanita se puso muy triste porque le había tomado mucho cariño a su caracol, pero pensó que si el caracol se había ido al campo, quizás sería más feliz y esa idea la consoló.
            Una noche, después de algún tiempo, a la niña la despertó al igual que a sus padres, un ruido fuerte, como de caída y un grito de sorpresa.
            Se levantaron y encontraron en el pasillo, a un hombre tendido con una pierna y un brazo rotos. ¡Tan aparatosa caída había tenido, que no se podía mover ni levantar!. Resultó ser un ladrón, que había quedado “cao” por su caída. Llamaron a la policía y agenciaron una ambulancia. Eran las tres de la madrugada y de pronto Juanita divisó a una familia de caracoles, que paseaban tan tranquilamente y tan felices por el pasillo…
            Habían rociado el suelo con una secreción pegajosa y estaba el pasillo lleno de ella. Esa baba, había hecho patinar al ladrón y su caída, había despertado a todos.
El pequeño caracol, había crecido y formado una familia para salvarles.
Tenemos que recordar, que la naturaleza siempre nos devuelve el bien que le hacemos.


Torrevieja 31/03/2013

Mª Jesús Ortega Torres