domingo, 17 de enero de 2016

GUERRAS


“GUERRAS”

Hojas de ensayo

“Dos no se pelean si
  uno no  quiere”
DEL REFRANERO POPULAR ESPAÑOL

        En toda lucha por algo, se dan dos o más contendientes. Si son dos, ambos alegan  sus razones, que pueden o no, ser verificadas, y en el primer caso se podrá discernir quién miente y usurpa la razón al otro y quedará así al descubierto, aunque esto no es tan sencillo porque hay cosas que no se ven, no se cuentan, se han olvidado o se han trasformado, según el tiempo que haya mediado. Los condicionantes son muy importantes y además variables y en una lucha entre dos o más personas, también las circunstancias de cada cual,  pueden determinar el modo de enfocar las cuestiones o problemas que acabarán con una resolución a veces justa, y, otras veces no tanto.
        Cuando se nos pregunta  que cómo nos va, a menudo contestamos, que estamos sobreviviendo, ya que nuestra lucha por seguir en el trabajo, soportar a superiores, iguales  y  otros estamentos, a veces cansa, del mismo modo que nosotros cansamos, o podemos cansar,  a nuestros compañeros ya sean adversarios oponentes, o no. A este esfuerzo  diario, que a veces nos cuesta la salud o al menos la deteriora, lo llamamos luchar o sobrevivir, y lo hacemos día  a día, con la esperanza de que sea pronto  un placer y sin la necesidad de esa lucha, acaben nuestros problemas; si asumimos que ha de ser así, nos resignamos, porque todo lo  que vale, cuesta un alto precio que se tiene que pagar. Es nuestra guerra, que dependiendo de nuestro “pasar o no pasar del hecho en sí”, o lo que es lo mismo, dependiendo de cómo enfocar y asimilar las críticas que tan solo representan una dependencia de los otros, muy incapacitante por cierto, nos va a llevar a una más o menos feliz vida, ya sea familiar, laboral,  o social en general. Es una guerra la guerra de cada cuál, que debemos librar cada día, en escenarios  distintos y con diferentes personas…, “no somos monedas de oro, para caer bien a todos”, pero tenemos que desarrollar  la capacidad de no oír lo que no queramos oír o no ver lo que no queramos ver. Hemos de ir a lo nuestro y, aunque conscientes de que la especie humana, somos de las que más depredan a sus congéneres, debemos lograr que nos pasen de largo ciertas valoraciones inoportunas que pudieran tener los demás, sobre nosotros, o de alguien querido o amigo. No es fácil, pero hay al menos, que intentarlo, porque cristalizar en las opiniones ajenas y la mayoría de las veces sin fundamento, no es bueno para nuestra salud mental ni física, ya que todo se somatiza.
        En casi  todas las sobremesas familiares, reuniones de amigos —llámense tertulias—, o incluso en las consultas de médicos o psicólogos, si les hablamos sobre verdades cotidianas como el despego o malos “royos” hacia nosotros, de personas a las que de algún modo hemos favorecido, o al menos no creemos haber hecho nunca daño, sus criterios y últimas conclusiones —para nuestra conformidad—, suelen ser  siempre, más o menos: “no esperes nunca nada de nadie. Si lo haces irás de sorpresa en sorpresa”. Sí, vamos y vamos todos, de sorpresa en sorpresa… A  veces quienes creíamos que eran nuestros amigos-as, no lo han sido nunca: ¡nos han engañado! y, por seguir su instinto no demasiado solidario, tampoco sincero, hemos descubierto que nunca nos quisieron. Descubrimos por detalles que nos vienen a la memoria y que vamos pasando y asegurando, como las cuentas de un collar— para que no escape ninguna—, todo lo acaecido durante la amistad de quien o quienes han traicionado nuestra confianza, o han usado como arma letal, ese órgano móvil que tenemos todos en el interior de nuestras bocas, para cumplir una de sus muchas funciones, la de ayudar a expresarnos, ayudarnos a hablar, como órgano de la fonación que es.
        Al engarzar todas las cuentas del collar de nuestra experiencia con esa o esas personas, hay en  la mayoría de los casos, algo muy común en todos: Sintieron  envidia por algo nuestro, quizá lo más nimio y que como, “algo nuestro”, era innato y nunca le dimos nosotros la más mínima importancia.
         Nos hemos percatado, de que sería muy valioso, cambiar envidia por admiración, y así nos lo hacen meditar en su ensayo “La conquista de la felicidad”, unas páginas que dedica su autor, Bertrand Russell (1872-1970) a la envidia y que no tienen desperdicio… Después de definirla como “una de las pasiones humanas más universales y profundas” y advertirnos que es la segunda causa de desgracia en el mundo —la primera son las preocupaciones—, la envidia nos hace desgraciados añorando lo que no tenemos y en vez de recrearnos y gozar con lo nuestro, el deseo de posesión de lo ajeno, nos  lleva a sentimientos malévolos, que no se pueden decir en alta voz, ya que asombrarían a cualquier persona de modo muy negativo, con respecto a quien los emitiera.
        Un buen ejercicio, sería el trueque de envidia por admiración, ya que este “deporte nacional” de la envidia, lleva a quien lo posee a difamar al envidiado, a no valorarle, y sentirse muy mal ante los éxitos de quien, por sus cualidades y esfuerzo, ha logrado lo que él aún no pudo  lograr, de lo que nadie tiene la culpa, solo él, y no la  persona que se supera día a día, no para recibir “pompas”, que alguien dijo: “suelen ser fúnebres, la mayoría, casi siempre”, sino, para su propio crecimiento, resolución de ocios y soledades, y auto-aprendizaje, que es a lo que lleva una realización y superación continuada y muy adecuada para cada uno de nosotros.
        Creo que el factor educación es muy importante en esta guerra personal, que todos debemos superar, y educar, es ayudar a crecer. Es un riego adecuado, desde  la infancia, para no ahogar ni secar. Para que no se tuerza nuestro tallo, y lo haga derecho a pesar de vientos y tormentas. Ideas firmes, que serán poderosas en nuestra personalidad, para poder caminar con unos valores, que nos hagan crecer y ser mejores personas, pensando en lo realmente favorable para nosotros y también para los demás. Es bueno copiar del otro sus mejores cualidades si vemos que podemos ser iguales que el otro en lo que le admiramos. No es bueno odiarle porque él  las tenga y nosotros no lo hayamos ni siquiera intentado.
        Hay un refrán que dice: “al clavo que sobresale martillazo”, pero es fácilmente refutable porque  las personas no somos clavos, y  la verdad es que para fijar un tablón, no hay más remedio que ajustar y clavarlos todos o nos caería encima si no están todos bien clavados, pero que alguien quiera algo  que  posee otro, no debe de obligar a nadie a envidiarle, sino a conseguirlo por propios medios y admirar que el otro, quizás más precoz o más trabajador, lo consiguió antes. Se puede abrir la boca por admiración, pero no para morder.
        Hay otra lucha importante, que debemos ganar y es hacer la guerra a la ignorancia. No hay nada que haga más daño que la ignorancia. El pensar con conocimiento de causa, en cualquier tema de actualidad, y poder expresar nuestras ideas coherentes, enriquece como interlocutores a los demás, siendo esto recíproco. Puede ser cualquier tema, igual uno de alimentación que de política, como de cine…, sobre cualquier tema sobre el que creamos estar capacitados para formar y emitir criterios, y sabemos que hay programas de T.V.E, Radio, libros, revistas y prensa que ayudan a formar y ampliar criterios sobre cualquier tema que hayamos elegido, y hay que huir, como si de un mal mayor se tratase, de programas y artículos folletinescos y “rosas” que son auténticos bodrios.
        Creo, además, que el conocimiento de nosotros mismos es muy importante y no  es difícil compararnos con otras  personas, cuando les oímos disertar sobre algo y tenemos iguales o distintas opiniones. Un motivo de felicidad o al menos de satisfacción, es  aceptar las ideas del otro, aunque no las compartamos, y ser conscientes de que la diversidad crea el mundo.
        Estar en guerra con nosotros mismos, es de alguna manera, sentirse vivos; es percibir que algo se mueve dentro de nosotros y poder soñar que somos, para nosotros mismos, los conductores de nuestra propia felicidad o al menos de nuestro bienestar, y considerar que no nos debemos cansar de seguir sintíendolo.

Bibliografía: Definición de envidia de Bertrand Russell ("La conquista de la felicidad)
Experiencias personales de vida: tertulias, familiares, laborales...

ALICANTE 17/01/16
Mª Jesús Ortega Torres





jueves, 31 de diciembre de 2015

FELIZ NOCHEVIEJA ---- FELIZ AÑO NUEVO




“SOY YO.ERES TÚ”


EN MI MAR HAY UNA BARCA
QUE PASEA SOLITARIA.
NO SE MUEVE…, PERO AVANZA.
ES LA BARCA DE MI MENTE.
ES LA BARCA DE MI ALMA

YO NO LA PUEDO MIRAR…
SOY YO. ERES TÚ ESA BARCA
QUE PASEA SOLITARIA SIN MOVERSE.

¡QUÉ MILAGRO!: NO SE MUEVE PERO AVANZA

PORQUE AVANZA,
 CADA DÍA ME SORPRENDE
CON ALGO NUEVO QUE TRAMA
¿QUÉ PENSARÁ PARA HOY?
¿UNA SORPRESA A LA CARTA?

EN MI MAR, HAY MUCHOS PECES
QUE ME DISTRAEN. ME HACEN BAJAR DE ESA  BARCA
TIENEN COLORES BONITOS…
Y SE ESCURREN EN  MIS AGUAS

SON SUEÑOS Y FANTASÍAS,
RESUCITAN MIS NOSTALGIAS,
ALIENTAN MIS ILUSIONES
HACEN FELIZ LAS MAÑANAS, TARDES, NOCHES…
HACEN MÁS FUERTES LAS ALMAS.

EN MI MAR HAY UNA BARCA, QUE, MECIDA POR  LAS OLAS,
NO SE MUEVE, PERO AVANZA.

Feliz noche vieja  -----   Feliz año nuevo
Mª JESÚS ORTEGA TORRES




lunes, 21 de diciembre de 2015

FELICES NAVIDADES




 FELICES NAVIDADES


…Y FELIZ 16
QUE TUS SUEÑOS SE CUMPLAN
SALUD Y AMOR TAMBIÉN

Y LOS MAGOS CARGADOS,
CON ESPERANZA Y PAZ
LA TRANSMITAN AL MUNDO,
Y EL MAL ACABARÁ.


miércoles, 16 de diciembre de 2015

DEL AMOR Y DE LA POLÍTICA (Aproximación a un relato)





DEL AMOR Y DE LA POLÍTICA
(Aproximación a un relato)

(Hojas de ensayo)

        Leo, estás consternada hoy. ¿Qué te pasa…? ¿Te ha vuelto a ocurrir lo de siempre…?
        Sí, gritas para tus adentros (si es que para los adentros de una se puede gritar): “Se ha vuelto a enamorar de mí un imposible, uno de ‘derechas’, y yo soy de la  izquierda más radical...”    Otra vez vuelven a ti, los quebraderos de cabeza, los problemas de conciencia. A Ignacio se le ve tan vehemente, tan enamorado… El corte de pelo te favorece bastante y lo has flechado, es todo tuyo ¡A por él!
        Pero no, ahora, toda tú eres sinónima de la palabra “temor”, además en plural. “temores…”, y como siempre, te sientes inoculada por un veneno que no te permite dar un paso, te paraliza…, pero tu conciencia empieza a hacer historia y a considerar que por una cosa u otra, siempre te pasa lo mismo.
        En ti se da una parecida sensación, a la que te ocurrió cuando te enamoraste de Felipe. Él era de izquierdas como tú, pero su fama de don Juan, te echaba siempre para atrás. No era solo fama,  porque siempre que os veíais lo saludaba con efusión alguna chica distinta y tú, inconscientemente, sabías que te estaban inoculando algún narcótico venenoso, que despertaba tu conciencia de víctima e impedía tus movimientos para ir, libremente hacia él, y precisamente, por el efecto de ese narcótico, no sabías como tirar la piedra y dar la cara. El “quid” de la cuestión, no se podía resolver, porque él, Felipe, también parecía inoculado por  algún tipo de narcótico que le impedía lanzarse a ti. Tú percibías su especial interés en todo lo tuyo, habías notado alguna mirada extraviada y llena de: ¿deseo, ternura, admiración…? No te daba tiempo a definir esas miradas, eran rápidas y enseguida, él, con otra actitud, parecía borrarlas. Tú también borrabas las tuyas. Esto a ti te dejaba sumida en mil dudas. Mil quebrantos y, siempre, con la almohada mojada.
        Tenías poca experiencia, muchos complejos y traumas. Demasiadas depresiones, unas exógenas, otras endógenas y ellas te minaban el tiempo, tu vida, tus amistades, tus amores… De éstos últimos, ninguno llegó nunca a feliz término. No siempre había sido culpa tuya, aunque, en tu fuero interno, reconoces que ponías mucho de tu parte para que así fuese. Te gustaba demasiado estar sola, más que sola  libre, sin ataduras, sin nadie que te mandara. Ha habido y hay en ti tantos condicionantes…
       
Pensabas:
        “No sé lo que hubiera pasado, si mis padres hubiesen sido otros. No los que son, no los que han sido. Habría tenido otros genes, otra cara, otro cuerpo otra manera de pensar. Bueno, la verdad es que sería otra…, pero ahora ¡soy como soy! También además de ellos, entramos nosotros en la formación de nuestra escultura viviente, con un temperamento que tratamos, todos, de modelarnos aunque la influencia de nuestra familia y ámbito social, sea influyente e importante. Nos hacemos responsables de  lo que nos legaron, pero sobre todo de cómo lo hemos procesado y asumido…”
        Después de esta reflexión, que, ¡qué casualidad!, siempre te la haces ante algún problema, sigues pensando  que en tu educación, faltaron las “artes marciales de la conducta”. Sí, piensas que el ir sin rodeos, directa al grano del problema  o cuestión, sin inhibiciones, ni pegas, excusas y otras gaitas… entre las que se debían mencionar tus muchos miedos e inseguridades, sería la línea a seguir para que se acabaran tus cuitas y problemas.
        Ahora Ignacio viene pidiendo guerra. Le ves algo lanzado porque le has gustado y debe de estar algo cansado de estar solo; tanto tiempo separado, la vida en solitario de un hombre, no es igual a la de una mujer, se les llama, a casi todos “adanes” porque no saben hacer nada; bueno, eso, los de tu promoción, porque las mujeres de ahora se han espabilado y les  suelen poner, a sus hombres, el delantal con un besito cariñoso, y, vaya lo bien que les sienta…
        Pero volviendo a lo nuestro, ¡a ver Leonor!, ¿te vas a llevar a la cama a ese Ignacio o no? Me dices que tú tienes conciencia política… ¿Y qué?, ¿no le encontraste un aire a Felipe? ¿te gusta y no lo quieres reconocer? ¿no me vengas conque no te gustan los clones…?
        ¿Se parece demasiado a tu padre que también era de derechas?, pero tu padre, por desgracia, hace mucho tiempo que no está, ¿no te acuerdas de que tenía muchas cualidades y que solo te faltaba, a ti, algo de paciencia para comprender un poco sus “rarezas”? ¿Cómo, cómo? ¿…qué me dices?, ¿que sus cualidades eran incompatibles con las tuyas?, pero eso no puede ser, las cualidades siempre son compatibles. A no ser que pienses que las cualidades de los otros, nos pueden parecer, a muchos, defectos insalvables. Sí, sí, piensas que he adivinado tu sentir y que pasa igual que en política, que las proposiciones, a veces buenas, de unos, sientan mal a los otros. Pero…, ¿sabes por qué?, porque el que propone quita protagonismo al que hace el papel en ese momento de “escuchante”, de “educando” y de algún modo, éste, se siente herido en lo que el creé lo más sublime de su “ego”, su autoestima, pero que es su vanidad, no su autoestima. Ha pasado y pasa siempre en las células familiares, en los debates entre contrincantes televisivos, en el Congreso. También veo que en el  amor que empieza o puede empezar, se dan estas cosas, de no escuchar al otro, desprovistas de los ropajes que nos sobran y la vanidad, que es uno de ellos, mata amores… También el temor es el principio del fin.
        Venga Leo, ¿qué tienes que alegar…? Ahora me contestas que yo lo que quiero es que padezcas el “síndrome de Estocolmo”…, Pero si la cualidad del “otro yo”, libre, sin prejuicios, es ayudar, ¿por qué eres tan obstinada? No hagas como en las familias y el congreso…Escucha, escucha…, y actúa,  o, ¿es que quieres pasarte la vida viendo las películas repetidas de Paul Newman…?


Fotografía de Platón (Internet)

Alicante Noviembre de 2015
Mª Jesús Ortega Torres



uéqu´+q¡q+q









miércoles, 9 de diciembre de 2015

¿QUÉ ES EL AMOR?


¿QUÉ ES EL AMOR? ¡Una mentira…!
Porque dura algún tiempo,
pero, es que luego: ¡ se olvida!

¿QUÉ ES EL AMOR? Solo un sueño,
y solo cuando estás dormida,
pues despierta no lo ves, tan solo te lo imaginas,
y, por vueltas que le des,
¡no es verdad…! ¡Una quimera!
que llena vacíos inexpugnables,
pero…, siempre con su “pero”,
se va por donde ha venido. Por la “NADA”.
El destino marca un tiempo…
Y… ¡se acabó!

¿QUÉ ES EL AMOR? Espejismo
que parece diferente y de pronto es repelente,
sin saber cómo y porqué.
Si dura, yo felicito a seres afortunados,
no piden y dan…

Lo dado a ellos vuelve a tornar.
No hay amor  con egoísmos,
y quien no tiene ese amor,
no aprendió lo que es amar…

Es la cinta en la mirada,
para no querer ver nada que no sea lo bueno en él.
Él es el dulce consuelo que alimenta al corazón;
también al entendimiento… aunque quita la razón.
Si  lo ves: ¡Que no se escape!
pues ese será tu amor.

TORREVIEJA 9/12/015

Mª Jesús Ortega Torres

miércoles, 25 de noviembre de 2015

"CORAZONADAS"






CORAZONADAS

(Sentimientos y pensamientos)


                Me llamo Casandra, tengo veinticinco años y tengo un lío mental apoteósico... Estoy enamorada de Telmo y él quiere a otra, no me quiere a mí. Sin embargo, no amo a Juan y Juan me idolatra.
                En mi curro se murmura que la hija del jefe, va a cumplir la mayoría de edad, y que la última que ha llegado a la empresa, que soy yo, va a salir, volando, cuando esto suceda.
                En casa  pasa que, la empresa donde trabajaba mamá, cerró hace ya un año, y si me despiden a mí, el sueldo de mi padre no va a alcanzar para todo…, gastos cotidianos, estudios de mi hermano Moisés, imprevistos… En fin un conflicto tras otro, porque los ahorros se terminarán pronto.
                Moisés va muy bien y sería una lástima que no pudiera seguir estudiando. Me enseñó su incursión como escritor, cuando uno de sus profesores pidió a todos que definieran que es un poeta y mi hermano  escribió:

ES INVIERNO…
Pero el poeta canta a la primavera.

HACE FRÍO. ESTÁ OSCURO…
Pero el poeta canta al sol y a las estrellas.

HOY NO HAY LUNA. NO VEO FLORES…,  solo vientos y tormentas
El poeta canta, canta siempre:
a las nieves, a las lluvias
… a los rayos, a los truenos

a todo lo que se mueva
o inerte permanezca;
y si tiene frío se abriga

y mira la lluvia y la nieve tras el cristal
 y sale afuera…
Y las toca y se moja
como hace con las ideas.

ES INVIERNO Y EL POETA LO CANTA
igual que al verano al otoño
o a la primavera.


                Pensé que estaba bastante aceptable su idea de lo que es un poeta. A sus quince años lo había dejado claro, y todos sabemos, que,  eso de mojarse, no lo hace todo el mundo; a algunos, como a Miguel Hernández, les puede costar la vida…
                Quisiera ser optimista y pensar, que va a poder perfeccionarse y seguir. Sería una lástima que tuviera que quedarse a medias.
                Siempre me he preguntado por qué las desgracias vienen todas juntas. ¿Se atraen acaso, o somos mi familia y yo los únicos que poseen este imán?
               
                La otra noche Juan me invitó a cenar. Le iba a decir que no, pero cuando recordé que en casa, había menestra para cenar, acepté, además, quería comprobar por dónde pintaba la cabañuela... ¿Es eso venderse?, creo que sí y por no tomar menestra aguanté  un beso robado, que me dio  repelús. Sí, el mismo repelús que aún siento ahora, nada más recordarlo. Si en vez de haberme robado un beso Juan, hubiese sido Telmo, ahora estaría muy feliz, porque desde que le conocí, no me lo puedo quitar de la cabeza…, y, con Telmo me acuesto, con Telmo me levanto, y a todas horas tengo su imagen, sus ojos, su voz…, en mi mente. No se despega de mí y aunque por un lado quisiera no tenerle, porque a mi edad, no querría ni imposibles ni platonismos -las realidades son las que te hacen sentir viva y te hacen acumular experiencias muy útiles para saber tomar decisiones-, por otro lado, cuando cierro los ojos y le veo, cuando los abro y le veo, cuando atiendo a un cliente y creo que es él, soy tan feliz, tan feliz, que no quiero que mi ilusión termine. No quiero que se desvanezca esa imagen querida, porque con esa ilusión también me siento viva. No quiero renunciar a algo, que con solo pensar que me puede salir bien, me libera de todos mis males. Mi ilusión por Telmo, es por ahora semejante a una vacilación, que no alcanzo a reafirmar, pero no dejo de tener el dulce sueño, de que, esa ilusión, se realizará.
               
                Ancho y largo es el mundo, si me despiden y ponen, en mi lugar, a la hija del jefe, me voy a enterar, pero creo que también se van a enterar ellos porque ¡a ver…!, ¿sabe Susanita los trucos de una buena vendedora?, pues no. No señor, no los sabe, y yo no se los voy a enseñar. Cuando vean las pérdidas, lo repito: ¡también se van a enterar ellos! Y yo ¡Ah!, estaré trabajando en otro negocio de ventas y mira…, a lo mejor pido un crédito y hasta se viene mamá a trabajar conmigo: negocio propio... Seguro que nos iría bien. Pero, ¿qué pienso, qué digo…? Todavía no ha llegado la hora. ¡Casandra, Casandra, no  le des más vueltas!
                La verdad, es que cuando mejor me siento, es pensando en mi Telmo, aunque no tengo derecho a decir “mi”. Según papá, en el viaje de novios fue con mi madre a ver el relato adaptado para el teatro “Historia de un caballo”, y le hizo mucha gracia el caballo protagonista, echando en cara a los humanos su continuo y excesivo sentido de la posesión y nos ha comentado siempre, que si hasta un caballo se da cuenta de que nos apropiamos de todo como si nos perteneciera y fuera, por derecho, nuestro, cómo es que no nos damos cuenta los humanos de que todo es prestado y de que no tenemos derecho a apropiarnos de nada. Mi padre dice que este autor ruso, León Tolstoi, tenía razón. Nada nos pertenece. Habitamos  la Tierra y la destrozamos con tanto detritus, con tanto incendio provocado, yendo siempre contra la naturaleza, al parecer, detestándola, en vez de amarla con todo lo que recibimos de ella. También pasa con los animales a los que abandonamos cuando ya no nos interesan y si seguimos con las personas… cuanta falsedad…, “te quiero, te quiero, no puedo vivir sin ti”, pero  al día siguiente, “si te he visto, no me acuerdo…” No es mi caso. Yo sé que mi amor por Telmo es para siempre, y sí: diga lo que diga Tolstoi, es para siempre, y sí: también lo quiero mío, porque lo siento mío y de nadie más.
                 Tanto le gustaron a mi padre las ideas del autor ruso, que se aficionó a sus novelas y tanto repitió lo de que “nada nos pertenecía”, que me motivó a leer esa historia del caballo pío Kolstomier, y, la verdad, me impresionó la definición que Tolstoi pone en boca de ese caballo filósofo y experimentado, cuando le hace decir que “mío” es un instinto bestial al que los hombres dan el nombre de “derecho de propiedad”. Por otro lado, no va muy desorientado Kolstomier en sus observaciones, cuando asegura que “la persona que tiene la posibilidad de aplicar la palabra ‘mío’, a un gran número de objetos, es considerada por las otras, como la más dichosa”, y es que ya, en el siglo XIX, la sociedad estaba imbuida de un materialismo que ha ido evolucionando hasta alcanzar un estatus propio, que parece, por desgracia, no tener límites, porque va a más y más… ¡Nunca se sabe hasta dónde podemos llegar quienes nos hacemos llamar personas!
                Pero yo no necesito nada. Nada material…, yo solo lo necesito a él y es mi cultura, la que me hace quererle solo para mí, y veo natural ponerme enferma cuando pienso que cada día besa a su novia, Isabel, y seguro que más de una vez… Si hubiésemos nacido en un país islámico, es posible que aceptara, que el hombre que amo, pudiera tener otras mujeres, porque se lo permiten su cultura o sus creencias, pero es que he nacido aquí... Hemos nacido aquí. Telmo, nosotros no pertenecemos al Islam.
                Isabel ha llegado antes, pero no va a ser la única. Ha llegado antes, pero no va a ser la última… ¡yo me encargaré…!
                Pensar que Telmo puede romper con su novia, me hace feliz. Ella lo podría dejar por otro — creo que eso sería imposible—, o él la podría dejar por otra (no está mal pensado), y esa “otra”… soy yo.
                ¿Cómo podría llegar a mí? Llegando yo a él, y tengo que encontrar el camino, ese camino que ya debe estar hecho en nuestro destino, pero, pasa, que todavía no hemos llegado. Estoy segura de que ese camino existe, lo presiento, y lo veo, pero es un camino difícil para los dos. Tan difícil que todavía no lo hemos divisado, pero tengo que encontrar la solución porque yo te quiero Telmo y pensar que no estás a mi lado, me desespera, me amarga… ¡Ay si supieras, Telmo, lo feliz que me siento cuando veo tu imagen en mis sueños! A veces pienso que la fuerza de mis sentimientos llega hasta a ti, Telmo, y que al conocerlos lo dejas todo por mí y cambias el nombre de Isabel por el mío… Te oigo gritar: ¡Casandraaa, Casandraaa…! y pienso: sigue, sigue, repítelo, repítelo, que mi nombre es muy bonito. Mi nombre es para ti por derecho propio, te lo doy, te lo regalo.
                ¿No lo repites?, ¿estás tú también hecho un lío Telmo? ¡qué lástima! y con nuestros sueldos no podemos ir al psicólogo, para que nos desembrolle esto y nos coloque en el sitio respectivo a cada uno. Mejor dicho: nos coloque juntos, si quieres tú, porque yo estoy segura… ¿Qué cómo estoy tan segura? Corazonadas, yo soy de corazonadas, y sigo con la misma conmoción afectiva que tuve cuando nos conocimos…, tan formal y alegre a la vez, tan inteligente y distinto a todos los que nos rodeaban y además, organizándolo todo con un simple gesto. Sabías estar.
                Supiste, también, en un momento crítico, lo que se debía hacer en la emergencia que surgió en nuestro grupo de senderismo. Imponiéndote, salvaste la vida, o de una silla de ruedas, a Riki, nuestro amigo común, cuando se cayó por un barranco y desoyendo lo que los demás indicaban, esperaste a la ambulancia, y lo movieron adecuadamente. Me miraste, entonces, con una mirada que quedó grabada en mi alma y que no he podido olvidar. Nadie me había mirado así. Hasta ese momento, yo no supe lo que quería, siempre había sabido lo que no quería, y nunca había atinado.
                Es difícil tocar tierra, cuando se tiene un sueño que te parece único, ideal, irremplazable porque te atas a él como a una tabla de salvación, pero hay que tocar la tierra. No me han enseñado, ni me he enseñado a deambular por las nubes…, quizá si fuese una blanca gaviota, o un gorrioncillo…, tan diminuto él, tan sabio…, quizá me iría mejor, pero siempre estoy  en las nubes y, claro,  me pego cada batacazo, que parece de ficción, aunque lo que me duele no es el batacazo, sino lo que tardo en curar…, y la historia se repite, se repite y esto es incorregible, bueno, la incorregible soy yo, porque confundo fantasía y realidad. La  realidad y los sueños en mi, forman un coctel continuo que alguien agita sin cesar para que se mezclen bien… Siempre igual, siempre igual, me repito más que un cromo.
                               Recuerdo que cuando conocí a Telmo, terminaba una relación, casi funesta, con Alfonso, y es que yo no podía continuar así. Nos estábamos haciendo daño los dos. No había comunicación y él se obstinaba en creer que todo lo arreglaba el matrimonio. Las tardes se hacían muy largas. Los paseos eran de piedra y también lo parecían las palabras, porque no brotaban, y cuando lo hacían, brotaban con mucha dificultad, costaban. Creo que fuimos dos seres tan diferentes, que, cuando nos reencontrábamos, éramos como dos extraños que esperan conocer al otro, pero que nunca le pueden conocer, porque, por algo que no alcanzo a saber, no era posible una comunicación entre los dos. No funcionó nunca. Tampoco lo afectivo existió para mí. En mi caso no había llegado el amor y era solo, lo recuerdo como si fuera ayer, hastío lo que me inspiraba la presencia de Alfonso. El atractivo físico que me había motivado y yo sentí hacia él en un principio, se disipó. No fue fácil la  ruptura porque Alfonso “erre que erre”, muy obstinado él, no quería que lo dejásemos, quería seguir. Seguir para no hablar. Seguir para continuar con tardes de paseos de piedra; seguir para la nada… Me amenazaba. Me enseñaba una horrible cuerda, que sacaba del maletero de su coche, y me decía que se mataría si me negaba a verle. Siempre he pensado que dar la vida por los demás, es un acto heroico y digno de admiración, pero claro, solo si  las circunstancias de salvamento o socorro lo requieren, porque, en mi caso, no me hacía nada de gracia la postura de Alfonso, que me tuvo acobardada y sin capacidad de reacción, durante más tiempo del que hubiese querido y  solo pude respirar tranquila, cuando supe que había conocido a otra joven, que lo aceptó y que le hizo desaparecer, afortunadamente, de mi vida.
                Recuerdo aquél tiempo con verdadera angustia, y también mi estado de tristeza continua, que me quitó el apetito y que no solamente me trastornó a mí, sino que tenía muy preocupada a toda la familia. Mi madre, para distraerme, me contaba las historias de los pájaros que habían acompañado a su  abuela durante toda la vida, ya que era muy amante de los animales y su casa y su tienda de ultramarinos en el pueblo, eran el asombro de todos, por la ambientación colorista y sonora que hacía del lugar donde los ubicaba. Los quería tanto que, por su continua e incansable dedicación, los hacía vivir mucho  tiempo. De los diamantes moteados australianos, con sus cinco crías, me contó, que fueron muriendo paulatinamente, pero que el último, “copito de nieve”, vivió diecisiete años. Otro de sus pájaros al que llamaban “maineta”,  era parecido a un mirlo negro, con un pico recto de color amarillo y tenía un silbido tan agudo que se podía escuchar a varios kilómetros. Lo tenía en una jaula de loro, para que estuviese bien holgado y murió de un atracón de lechuga, y entonces me decía a mí que yo comía menos que un pájaro y que si no  comía más, me iba a morir como la maineta de mi bisabuela, pero al revés: por no comer… En fin, me arropaban como a una niña, y estaban pendientes de que no me afectara tanto lo que me estaba ocurriendo con Alfonso.
               
                Los días pasan, y el tiempo parece arrasar hasta con los sentimientos, si no son correspondidos, porque los momentos de dudas, de tristeza y llanto, dejan al alma derrotada, pero a mí no se me apagó esa pequeña luz, que la fe en mi misma, me regala. Hay que creer y esperar que algo pueda cambiar nuestras vidas, un poco a mejor, para que nuestro camino sea más llevadero. No quiero que me invada el desencanto y que mi optimismo se disipe y si no logro que esta borrasca se evapore para volver a sentir alegría, dejando de lado los lamentos y la amarga tristeza, me va a entrar una depresión que no podrá  curar ni el premio Nobel en Psiquiatría — si es que lo hubiera—.
                Me he de motivar para lograr, inmediatamente, lo contrario: buscar las razones para estar bien,  pues las circunstancias de la vida, a veces no te las dan. Si no se ven, hay que escarbar y tratar de encontrar esas razones.
                Pienso tantas veces, que aún no teniendo lo más importante, como es un gran amor, o, como se suele decir “el amor de mi vida”, tengo tantas cosas…, que aunque parezcan estar cogidas, levemente, con hilos, no me dejan  tener, otros ambiciosos deseos que me podrían dañar. Creo que soy bastante positiva y que me levanto de todas mis caídas, en las que la mayoría de las veces, juegan mucho, quizá demasiado, mis distracciones -fantasía/realidad- pero, juegan más, los empujones y zancadillas que recibo, porque yo procuro pisar firme, pero hay “alrededores” que son algo adversos.
                Grito en muchas ocasiones: ¡soy rica, soy rica! … Puedo razonar, tengo un trabajo, tengo mil sueños y tengo con quien soñar. No es una riqueza de oro, pero es de paz, de alegría, de tranquilidad. Sé que nada es eterno, pero de momento, voy consiguiendo mi propia conformidad.
               
                Tengo en mis manos, por vigésima vez, las anotaciones de mis sentimientos y pensamientos, porque quiero añadir que hoy estoy despidiendo el día, algo más contenta, menos preocupada que en otras ocasiones…
                Susana se va a estudiar a América. Por lo visto las últimas evaluaciones de la hija de mis jefes, han sido brillantes, y ella ha elegido la Universidad de Maryland,  para seguir con su formación. Creo que le hacen un examen de ingreso muy fuerte, pero ella es muy inteligente, y seguro que lo pasa. Por otra parte, mis jefes tienen muchos medios, para mandar a Susanita mañana mismo al estado de Maryland o a China… Donde quiera o necesite, se podría marchar.
                 En la vida, no hay nada mejor que tener buen nombre y también tener muchos medios económicos, para poder sentirte bien. Sin eso, apenas eres nada, apenas te puedes relacionar ni conseguir lo que quieres. Hoy día se necesita dinero hasta para respirar y ha representado un alivio para mí, la brillantez de la niña de mis jefes, porque puede solucionar el que Moisés siga estudiando, ya que si no me despiden, él seguirá, ¡claro que seguirá!
                Mi hermano volverá hoy tarde de su partida de ajedrez. Ha quedado finalista porque es muy templado y domina muy bien la intención del otro. Al parecer,  ayer se sintió inspirado por la visión del mar, pues es muy cerca de él, donde tienen las fases eliminatorias del campeonato y me ha dejado encima de la cama un poema sobre el horizonte…
                Lo leo y me asusto. Sus dos primeros versos, me parecen premonitorios al momento sentimental, de incertidumbre, que estoy viviendo…, aunque el sueño del cuarto verso, lo siento como con afinidad a mis pensamientos sobre Telmo, porque es él, el cielo que yo anhelo.
¡Horizonte, horizonte… que lejos estás!
¡que lejos te veo! ¡No te puedo tocar!
Cuando creo que llego, te alejas, te alejas.
Tu sueño es el cielo y quieres llegar.
                Me veo como ese sueño del horizonte que quiere llegar al cielo… ¡ay, ay! ¿Es ésto un desvarío? Mañana seguiré con alguna más de mis impresiones. Creo que necesito descansar.

                Que bien se despierta una, en un sábado de libranza. Sin escuchar el cotidiano despertador y con algo de tiempo para organizar mi jornada de ocio, el no  ir a trabajar te da un respiro que se necesita, como agua de mayo.
                Me he levantado temprano porque quería hacer un poco de “marcha”. Ésto no lo quiero dejar nunca, porque cuando me descuido, subo de peso que es un gusto. Después de otra estupenda ducha, tras mi hora de marcha, me he arreglado y he ido a reunirme con Riki.
                Yo no le he preguntado nada. Ha sido él, el que ha empezado a hablarme de Telmo espontáneamente…
                Isabel, su novia, va a tener mellizos. Telmo está muy contento por esta razón, y dice Riki, que se le nota la felicidad desde una legua.
                Riki, me ha hablado de Telmo y su actual situación. Lo ha hecho como si hubiera adivinado que le había citado para hablar precisamente de él. De el ser que ocupa mi mente todo el día.
                No sé si me cambió el color, pero yo he notado un vahído y un escalofrío, que no se me han quitado en todo el día, y dolor. Mucho dolor.
                Ya no le podré preguntar a Telmo: ¿… me quieres, o tu mirada también fue un accidente, como la caída de Riki?
Cambiaremos. Tendremos que cambiar… La vida consiste en cambiar.

 Mª Jesús Ortega Torres
Alicante, Diciembre de 2013



martes, 10 de noviembre de 2015

"UNA CIERTA EXPERIENCIA"



UNA CIERTA EXPERIENCIA

El ser humano se transforma, día a día.
Sin remedio.  Para bien o para mal…,
yo no juzgo, solo pienso.
De niños, qué lindos somos:
Los mofletes, la sonrisa, una mirada de cielo.
Cuando dejamos la cuna, queremos correr:
¡¡¡¡¡¡¡¡Correeeeemos!!!!!!!
Y así vamos percibiendo, hechos y cosas que pasan.
Muy grabadas quedan dentro:
En nuestra mente, en el alma…
¡Han entrado!
¡Han formado sentimientos!
Y… Crecemos en centímetros, en Kilos y…,
por palabras, por las leyes que hay en el Universo.
Por los desvelos de los otros y algunos desvelos nuestros,
aprendemos y queremos.
Necesitamos a todos, en continuo crecimiento:
Al sabio, sí…, lo admiramos.
Al necio para no serlo.
Y nos mueve la belleza, la ternura y el ingenio,
la elegancia, la cultura de todo lo que queremos,
y si en tu vida lograste, amigos casi perfectos,
te acompañarán en todo:
en lo bueno, en lo mejor. También en lo menos bueno.
Nos hemos transformado todos:
 Niños de sonrisa sincera, de mirada candorosa,
niños de mofletes tiernos,
somos ahora personas…, con una cierta experiencia
y seguirlo siendo, queremos.
Alicante 30/10/2015 
Mª Jesús Ortega Torres

(Fotografía de Aristóteles  tomada de Internet)